"El bosque sería muy triste si solo cantaran los pájaros que mejor lo hacen"



lunes, 27 de enero de 2014

Sin oxígeno.

A veces soy feliz, o creo que llego a serlo, durante unos instantes. La sensación se desliza de mis dedos rápido, sin que yo pueda evitarlo.
Y empiezo a no poder respirar. Me falta el aire, y no metafóricamente. Me falta oxígeno, noto como me voy agotando, la cabeza me abruma, escucho golpes incesantes, mi corazón latiendo sin esperarme. Algunos días creo que se me va a salir del pecho, noto la sangre recorriendo mis muñecas y creo que voy a explotar.
Me aterra que ocurra, pero me aterra aún más que esta sensación no acabe.
Me asustan mis pensamientos, la pregunta incesante en mi cabeza. ¿Por qué vivo? ¿Para qué? Para aprovechar la vida ¿no? ¿Y qué pasa si no lo hago? ¿Qué ocurre si desperdicio toda mi vida? Sólo hay una oportunidad, y me estoy consumiendo. 
Eso me asusta mucho más que no poder respirar.
Y el tiempo pasa, y llevo dos años viendo mi vida como un extraño, como un simple observador, y veo cómo no hago nada, cómo me escondo en mi misma, en mis mundos paralelos, en mis sueños que quizá no sean irrealizables, pero mi ausencia de actos, hace que lo sean. 
Y es como si estuviera atada, atrapada en nudos construidos con aburrimiento.
Estoy perdida, ahogándome en una vida desperdiciada. 
Y ya no sé que hacer. Sólo he aprendido a interiorizar el dolor, y a esconder lágrimas llenas de rabia.

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